miércoles, 11 de febrero de 2009

Dilbert el oficinita

Hay una tira de Dilbert, el oficinita (no es una errata) creado por Scott Adams, que capta muy bien al espíritu diríamos 'entregado' que habita dentro de nosotros (sobre todo de mí, en esta jornada post-entrevista de trabajo) y que podemos encontrar en tantas organizaciones humanas, desde empresas hasta talleres de literatura. En una reunión, el jefe pelopuntas amonesta a los empleados porque sospecha que uno de ellos no está cumpliendo su cometido en cierto proyecto (en inglés, metafóricamente "dead wood"). En la última viñeta sale un árbol muerto, sentado a la mesa en medio de los empleados (sí, esto es normal en las tiras de Dilbert), que se da por aludido y dice: "He hecho unas llamadas y ahora estoy esperando a que me respondan". Esa sensación de haber cumplido ya solamente con haber imaginado el resultado.

Pero no podemos pararnos: ayer en la entrevista, el jefe de recursos humanos me contó que yo era el primer convocado (¿es bueno? ¿es malo?) y que todavía no sabían muy bien cómo iban a desarrollar el proceso de selección, ni cuánta gente querían ver, ni cuánto tiempo iban a tardar. Señales estas que parecían conducir al "no nos llames, nosotros te llamaremos" que pone fin al asunto. Pero también me preguntaron si andaba metido en otros procesos de selección (¿en otros? ¡En todos!), y me insistieron en que les avisara por si me surgía alguna oportunidad antes de que ellos tomaran su decisión, y en cualquier caso, que les pusiera un email si dentro de unas semanas todavía no tenía noticia de ellos. Vamos, que me escribieron el teléfono en el paquete de tabaco junto a la huella de carmín. Pero no adelantemos acontecimientos ni hagamos lo que dice el señor Lobo en 'Pulp Fiction'.

Después de postularme para cuantos empleos llevaran aparejada la palabra 'redactor' al anuncio, este lunes yo tenía planes de matricularme en algunos cursos para acreditar esas cosas que digo que conozco en mi currículo, que son ciertas porque las he 'trabajado', pero para el empleador desconocido como si hablo fluido el pastún. De ahí el enlace al CEIM que dejé en la primera entrada. Aunque muchos de estos cursos empiezan de forma imninente, en la última semana de febrero, no cierran hasta la víspera las inscripciones, así que no lo duden. Yo ya estoy tardando. Pero sean prácticos. ¿En serio merece la pena el mandarín para principantes?

3 comentarios:

la profe dijo...

Me parto...es verdad, sólo falta que te pregunten por la última comida. Por cierto que...SÍ, si estás en un proceso de selección, debes contarlo, añadiendo que sin embargo de momento esa es la empresa que más te interesa...conseguir un trabajo es como ligar, hay que mostrar el interés justo, sí estás interesado, pero que no se duerman porque hay cola...lo digo en serio, hazte el interesante sin pasarte.
Bueno, yo mañana tengo también una entrevista, con 16 ¡nada menos. Una primera clase, es casi como una entrevista ( aunque eso sí, al menos sabes que te van a pagar a fin de mes) deséame suerte, perioditas carroñeros...mañana comienza la "operación locutor" cambio y corto

Munchausen dijo...

"...sólo falta que te pregunten por la última comida..."

No, de religión no hablamos, pero en el tren de vuelta desde Alcobendas me encontré un ejemplar de la revista del Instituto de Estudios Bíblicos creo que rumano, porque en la página dos venía la palabra 'dragostea'. ¡Din tei!

"...conseguir un trabajo es como ligar..."

Cuanto de razón hay en esta frase reversible: ligar es como conseguir un trabajo, un esfuerzo de interés, pero también reducible a lo estadístico. ¡Suerte!

Yoriento dijo...

"Hazte el interesante sin pasarte".

Tomando nota, tomando nota¡ :-)