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miércoles, 17 de junio de 2009

Ennui

Llevo una temporada de enervamiento (en el sentido etimológico). Después de un mes de mayo de gran dinamismo, en junio nos suspendieron todas las actividades formativas y tuve que llamar a una decena de personas para disculparme (les había asegurado que seguirían, y hasta septiembre no se les volverá a convocar). Encima, nos pusieron a hacer certificados digitales siguiendo un procedimiento en el que ha fallado todo lo que podía fallar y los manuales y dispositivos que pusieron a nuestra disposición (valga la redundancia) se han revelado un desastre. Los solicitantes de los certificados eran además las mismas personas a las que había impartido cursos en mayo, lo que añadía agravio al insulto, creo que se dice aproximadamente. Además, se percibe via correo electrónico que los responsables del proyecto están rayando la histeria a causa de todas estas dificultades, y pasan por fases de 'control freak' combinadas con 'cada palo aguante su vela'. Qué porculo, con perdón.

A mediados de mes hemos comenzado a dar clases a menores de 6 a 12 años, que se prolongarán hasta finales de agosto. Si ponerme a impartir lecciones de informática a mayores sin experiencia docente alguna me parecía complicado, dar clases a niños ya raya en la temeridad. Tuve que hacer yo mismo la convocatoria, como el flautista de Hamelin, llamando a alumnos que ni siquiera habían solicitado las clases. En consecuencia, me paso dos horas cada tarde viendo vídeos de Hannah Montana y haciendo recortables con las Bratz. Y no, no me parece una experiencia enriquecedora. Me parece el momento de recuperar el sano hábito de revisar las ofertas de empleo cada mañana. Por cierto, noto cierta bajada en su número y calidad (siempre las mismas becariadas), tal vez sea algo estacional, pero no deja de intranquilizarme.

sábado, 28 de febrero de 2009

Va a ser cierto lo de los espías

A lo mejor me he convertido en líder de opinión, por posicionamiento google gracias a mi affaire con la investigadora Carmen B. Palomares (ese verano maravilloso que pasamos en Villa D'O Bonzo). El caso es que los espías de Esperanza Aguirre se han debido de enterar de mis escarceos con la agencia municipal de empleo de su encarnizado enemigo, el sr. Faraón, pues acaban de mandarme una citación del servicio regional para una tutoría individual, que yo no había solicitado.

¿Y la tutoría esa, en qué consiste? No tengo ni idea.

He pasado la semana cerrando cosillas pendientes: un proyecto de mudanza, una baraja de Magic tuneada para un amigo. Febrero se me ha terminado por sorpresa sin haber realizado nuevas acciones de empleo dignas de mención. Así que voy a enumerar unas cuantas webs de empleo y alejarme del ordenador silbando. El miércoles que viene me vuelvo al pueblo unos días, pero rellenar todos esos formularios mantendrá a los lectores ocupados, espero.

Sin otro orden en particular:

LinkedIn: es una red social profesional, dirigida más bien a miembros de la Generación Tapón.
Hacesfalta.org: trabajo en oenegés (hay un montón), también remunerado.
Clasificados El País: no esperen puestos de redactor, obviamente.
Laboris, Infojobs, Trabajar.com y Periodistas.com, CompuTrabajo, Monster: hay que estar en todas.
Infoempleo: es nefasta, por lo menos para los ítems redactor y periodista.
El Corte Inglés, Fnac: mejor que pasar hambre.

domingo, 15 de febrero de 2009

Moderación de comentarios

Cuando abrí mi primer blog era 2004. Más o menos un año después, ya había tocado casi todos los temas que me interesaban personalmente, pero no tanto como para tratarlos de manera profesional, esto es, llevarlos al jefe de sección y decirle: "Esto es la hostia. Tenemos que escribir algo". En resumen: yo era un diletante total. En la época en que, como blogger, me di cuenta de que no daba más de mí, empezaron a abrir bitácoras hasta las cofradías penitenciales. Los medios de comunicación tomaron nota de la nueva moda y pusieron a los periodistas a escribir blogs dentro de su estrategia suicida de ofrecer contenidos a cambio de nada.

¡Qué tiempos, 2004! Mi novia del instituto acababa de darme la patada, rompiendo mi sueño pisitofílico de trabajito y familita en el terruñito. El otro día discutía con mi señora (la actual, y salvo conflicto nuclear, definitiva) qué había tenido una mayor importancia histórica, la caída del Muro de Berlín o la propagación de internet. Por deformación académica (tengo estudios de Historia), me decanté por lo primero, aunque era lo segundo lo que había revolucionado mi trabajo y mi vida. Pero en este país parece que cuatro de cada cinco personas pueden vivir perfectamente offline. ¡Qué rara es la gente! Pudiendo renovar la demanda de empleo desde el ordenador del niño o un cibercafé, forman esas antiestéticas colas que ponen de los nervios al Gobierno.

Pero divago. El viernes por la mañana envié mis inscripciones para los famosos cursos del CEIM. Pesadilla logística, se lo cuento para que vayan intelectualmente pertrechados. Hay que bajarse, imprimir, rellenar a mano y enviar por correo ordinario o fax dos documentos distintos que en realidad piden la misma información. Ojo que piden cosas como el código de los cursos, que es imposible de encontrar en las propias páginas de las academias o del CEIM. ¡Yo lo dejo en blanco y que sea lo que Dios quiera! Aparte, hay que fotocopiarse DNI, tarjeta de demandante de empleo o última nómina y tarjeta de la Seguridad Social... y mandarlos por fax o correo electrónico. ¡Que me lo expliquen! ¿En otro envío, distinto? Si es por email, ¿hay que escanear, no? Vaya caos. Yo lo he metido todo junto en un sobre por correo certificado. Y de nuevo, que sea lo que Dios quiera. Mi selección incluye: diseño de páginas web (flash y Dreamweaver), especialista en desarrollo de aplicaciones web, escritura y redacción eficaz en el ámbito empresarial y e-business y comercio electrónico.