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miércoles, 4 de marzo de 2009

Periodismo o muerte

No entiendo la mitad de las referencias de Xkcd.com, que hacen chistes de físicos, nerds y matemáticos. Pero la otra mitad es de un humanismo delicioso. La tira de hoy ratifica su genialidad en esta segunda categoría:


De hace algún tiempo, me encantó también la tira de las ciencias ordenadas por criterios de pureza. Si os hace gracia la posición de la psicología, imaginaos donde irían las llamadas ciencias de la información. Más a la izquierda, más, más... más... por lo menos un metro a la izquierda de la sociología:


Lo del Etch-a-sketch (el telesketch, para entendernos) me ha traído también a la memoria una tira de Dilbert. Como ya estamos en plan 'festival del humor', la pego (la gracia está en que el pelopuntas es el jefe de los ingenieros):

Y eso.

Ayer por la mañana me dieron otro disgusto: la empresa de hosting de Alcobendas me daba calabazas. Mi histórico de entrevistas realizadas/empleos conseguidos entra en números rojos con una proporción 3:1. Cuando recibo este tipo de malas noticias, he notado que me urge la necesidad de bucear por las webs de empleo e inscribirme en casi cualquier oferta.

Un par de horas después me han llamado para otra entrevista (que haría la 4:1, me figuro). Se trata de una ONG, pero ya no recuerdo las condiciones exactas de la oferta (la referencia ya ha desaparecido de hacesfalta.org). A lo mejor me apunté en un rapto anterior de malestar. El caso es que la prueba consiste en una disertación escrita de 6.000 palabras sobre Venezuela y una exposición oral de diez minutos sobre el papel de las ONGs en el mundo. Como le decía al jefe de cultura cuando me pedía que escribiera sobre un tema: ¿a favor, o en contra?

En otoño de 2001, cuando terminé los estudios y hasta que me llamaron para trabajar, estuve cuatro meses en el paro. Para ocupar mi tiempo me dediqué a tres cosas: estudiar francés en la Escuela Oficial de Idiomas, sacarme el carné de conducir y, esto sí que acojona, fundar una ONG con unos conocidos de una amiga mía. A principios de diciembre me llamaron para trabajar. Dejé el curso de francés a medias, suspendí dos veces el examen de conducir y nunca me lo he sacado, y no volví a aparecer por la sede oenegerá, aunque les reescribí los estatutos a un cuasi-castellano. El nombre original de la asociación, que luego cambiaron por uno más digno, era ASOPAS. ¡ASOPAS! Lo decía todo sobre su verdadero propósito, que era colocar vía subvenciones a los miembros, casi todos desempleados como yo, en distintos proyectos extremadamente vagos de colaboración con el Tercer Mundo, preferentemente en el país del que era cada socio procedente.

Ayer tuve también mi sesión tutorial con el Servicio de Empleo de la CAM. Nos juntaron a una docena de periodistas, según me contaron luego, pero las tutorías eran individuales. Eso me hizo sentir bien: en treinta años, era la primera vez que sentía que el Estado del Bienestar se preocupaba por mi situación personalmente.

Desconozco hasta qué punto tiene de terapia la terapia ocupacional. No he asistido a terapia en mi vida (los hombres no vamos al psicólogo ni preguntamos direcciones). Es cierto que he salido durante siete años con una psicóloga, pero en ese caso era yo el terapeuta (o terapéutico). La terapia de grupo tampoco me atrae nada. Padezco un grave trauma desde que iba a colonias de verano, con cinco añitos. No logro acordarme de los nombres de las personas que me acaban de presentar, así que no podía jugar a esas puñeteras dinámicas de lanzarse el balón diciendo en voz alta el nombre del receptor. Ya adolescente, me han puesto muy nervioso los juegos de beber dando palmas. Nunca logré integrarme en la comunidad universitaria porque era incapaz de aprender las señales del mus.

Creo que salivé correctamente a todos los estímulos a que fui sometido durante la tutoría. Lo primero que me preguntó S., la tutora, fue si me interesaba el autoempleo. "No, por Dios. Yo tengo mentalidad de siervo", respondí. Al parecer, te derivan de inmediato a otro lugar (seguramente a terapia de electroshock, con la que está cayendo). Solicité el programa completo de tres tutorías y seis sesiones de grupo. ¡Será bueno para el blog! Cuando ya me despedía, le confieso que lo que a mí me gustaría sería dejar el periodismo y dedicarme a cualquier otra cosa. Se le mudó el rostro. Me vuelve a meter en la sala, me pide el currículo, me explica que estoy loco. Con lo que llevo recorrido en periodismo, estudiar otra cosa me conduciría a la sobrecapacitación, me cuenta, que es una cosa que detestan las empresas.

Cabronas las empresas, me digo. Pero es cierto. En mi fracaso 2:1, mi contacto en la empresa a la que me postulaba me contó que mi ejercicio escrito había impresionado... Una compañera le dijo: "¿Pero este que se cree, que va a ser redactor jefe?". Lo cuento con rencor y con orgullo. Pero sobre todo con rencor. Qué hijos de puta.

En fin. Va a ser periodismo o muerte. El martes que viene es mi próxima tutoría. Les mantendremos informados.

P.S. No creo que vaya a lo de la ONG. Me falta convicción personal.

P.S.S. Me he apuntado a Prosegur. Lo sé, lo sé, no hay que tomar decisiones en caliente.