Ahora que me acuerdo de la resiliencia. A la fuerza ahorcan. El mercado laboral está hecho para los "mayores", que disfrutan de un blindaje casi completo. No hay más que ver cómo se ponen en cuanto les tocan los derechos adquiridos (la categoría, el sueldo, la pensión...).
La Policía carga contra los prejubilados de Naval Gijón junto al astillero
Uno se imagina a los prejubilados como seres cuasi venerables y resulta que andan a pedradas con la Policía. La generación de nuestros padres desconoce la resiliencia. Practican, si acaso, la plastiliencia: si los aprietan un poco, se quedan chafados.
Nosotros somos mejores. Por desgracia, nos ha tocado vivir, como se decía en la China imperial, tiempos interesantes:
http://www.lag.uia.mx/acequias/acequias43/A43tiempointeresante21.pdf
Nos vamos a tener que conformar con menos.
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martes, 19 de mayo de 2009
jueves, 2 de abril de 2009
Y resiliente en Madrid
Estamos que lo tiramos (dos entradas al día). Cedemos la palabra a Benjamín, que nos va a hablar sobre la resiliencia. No busquen la palabra en el DRAE, porque no viene: miren aquí.
Y aquí, el texto que inspira el comentario.
Y aquí, el texto que inspira el comentario.
Nasio pá sufrí
Evidentemente hay un error de concepto, comprensión y materialización de la palabra Resiliencia. A pesar de ser justificable en términos económicos y bursátiles, no lo es en su aplicación real, ni es aceptable dentro del ámbito laboral.
La RESILIENCIA tal cual nos lo vende el texto, es el equivalente, al NASIO PÁ SUFRÍ. Es decir, es la deshumanización del terreno laboral, social-afectivo y personal del hombre. En otras palabras, mercantilismo emocional.
"Capaces de resistir y ganar"
Este es un titular, que podría pertenecer a una publicación de psicología de autoayuda, o a una revista supuestamente feminista aconsejando sobre como lograr el éxito profesional. En ella que se nos vende, que la vida es una carrera, donde solo existe dos vías posible para un ser humano. Resistir y ganar o someterse y perder.
Me doy cuenta que tratamos de convertirnos en un número de cuenta bancaria, en un número de la afiliación a la Seguridad Social, en un RESILIENTE.
Debe ser que los eufemismos dominan nuestra vida. Un trasvase no es un trasvase, es una desviación temporal de agua. La crisis económica no es crisis, es un periodo de dificultades objetivas. El trabajador mal pagado, sobreexplotado, sin remuneración a la altura de su cualificación ni a su experiencia y además puteado, no es un trabajador mal pagado....etc., se le llama PROFESIONAL RESILIENTE. Debiera poner esta categoría laboral dentro de mi currículo, quizá pudiera ser equivalente a un master o a un cursillo del INEM…
A estas alturas, el termino Profesional Resiliente, debiera cambiarse por el de....Trabajadora del Sexo. Por que es así como se me está vendiendo esta filosofía de trabajo, como una nueva forma de auto venta profesional y así es como están vendiendo a las personas en términos laborales.
Se aconseja, que estemos dispuestos a trabajar bajo cualquier presión, sea personal, laboral o económica. ¿Hacia donde nos lleva la sociedad, o mejor aun, a donde nos conducimos nosotros mismos? Algo que es aun más peligroso. Amparándose en una “crisis económica”, nos acecha una crisis aun peor. Una crisis moral y humana. Damos un paso atrás en el trato entre seres humanos, en las relaciones laborales, en las condiciones sociales, económicas, afectivas, en términos de salud mental, corporal y espiritual. Todo por una comisión, por un porcentaje, por un coche de mayor potencia, un sueldo mejor o una segunda residencia. Nosotros ponemos el precio.
La sociedad japonesa es un ejemplo de este término. Es idóneo laboral y económicamente hablando, ¿pero qué precio humanamente hablando, es el que paga?
El exceso de responsabilidades, el agotamiento físico y mental en el trabajo tiene un término, karoshi, y un dato, 30.000. Treinta mil japoneses se suicidan al año por problemas derivados del ámbito laboral y económico, y más de 10.000, mueren por agotamiento físico y mental. ¿Queremos caminar por esa senda de bonanza económica pero de ruina personal?
En este manual del buen trabajador, se hecha de menos la restauración de la esclavitud, el derecho de pernada y el sistema de castas… entre otros.
Es necesario un proceso de des-educación, que elimine conceptos tan alejados del sentido común, y que nos hacen olvidar el sentido de la vida. Si no lo hacemos corremos el riesgo se ser tratados como un material. Un material humano, con capacidad para recuperar nuestro forma inicial, después de ser sometido a una presión que le deforma.
¿Vivimos para trabajar o trabajamos para vivir? Superar supuestos baches económicos, afectivos y demás, no debe traducirse en productividad, si no, en vida y conocimiento.
Me niego a tomarme todas las cosas a bien. Me niego a sobreponerme con facilidad de cualquier crisis. Me niego a estar receptivo en cualquier momento del día, tanto en mi vida personal o laboral. Me niego a ser siempre proactivo y a aguantar todo tipo de presiones. Me niego a ser moldeable. Puede ser que ese sea el perfil que una empresa desee para sus intereses. Pero subyace un error de base. Somos humanos.
¿Existiría un Abraham o un Moisés, sin crisis de identidad, sin crisis de fe, sin vagar perdido durante años en el desierto, sin temores ni errores de todo tipo y que estos no influyeran en sus quehaceres cotidianos? ¿Podrían ser ellos calificados como resilientes? Lo dudo mucho.
Considero que todas aquellas situaciones, personales, laborales, económicas, deben afectarme y se debe sentir su efecto en el entorno, sea cual sea. Pues son estas situaciones, las que nos acercan los unos a los otros. Ser conocedor del prójimo, te hace sensible a el y a ti mismo. Te hace reconocedor de las realidades, debilidades, defectos y vulnerabilidades de cada uno. Tratemos de evitar auto revestirnos con una falsa profesionalidad llamada resiliencia.
Así que no me pidas que renuncie a lo que me hace mejor persona. No me pidas que sea mejor trabajador que ser humano. No me pidas que desista a lo que nos hace reconocernos y recordarme a mí mismo, que somos simplemente, personas.
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